Para escribir

Desafíos literarios

Propuestas y textos del espacio de desafíos literarios de la asociación.

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Desafío literario · Octubre 2026
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Cuando cae la noche

Octubre llega con días más cortos, noches más largas y esa atmósfera especial que invita a imaginar qué sucede cuando la luz desaparece.

Porque la noche puede ser muchas cosas: misterio, miedo, amor, recuerdos, encuentros, soledad, calma, deseo, fantasía… o el escenario perfecto para aquello que nunca ocurriría a plena luz del día.

EL DESAFÍO

✒️ FRASE
Escribe una frase original inspirada en lo que sucede cuando cae la noche.
📝 POESÍA
Escribe un poema de estilo libre de un máximo de 20 versos.
📖 RELATO CORTO
Escribe un relato de un máximo de 300 palabras.

Puedes llevar tu texto hacia donde quieras: romance, misterio, terror, nostalgia, humor, fantasía, reflexión o suspense. La interpretación del tema es completamente libre.

Condición especial para el relato corto:
Deberá comenzar o terminar exactamente con la frase:
«Cuando cayó la noche, todo cambió.»
📰 DE LA WEB AL PERIÓDICO
Algunas de las frases, poesías y relatos participantes podrán ser seleccionados para nuestra sección literaria en el Periódico de Mijas. Por este motivo, los relatos tendrán un máximo de 300 palabras, facilitando su adaptación al espacio disponible.

🌙 Cuando caiga la noche, deja que empiece tu historia.

Septiembre cerrado

Volver a empezar

Pulsa sobre cada nombre para leer su aportación.

María Luisa Morales
Podrás salir. Nunca estuvo planeado, calculado o contemplado. Jamás fue imaginado ni en pesadillas soñado... Sin embargo, ha pasado. Lo que otras padecían, tú, con suerte, lo esquivabas. Jamás pensaste que un día la fortuna te dejara. En esta ocasión, la vida, otra historia te mostraba, otra puerta, otra salida, otra experiencia contada. La vida te dio otra senda, la incertidumbre es la trama. Tú caminarás por ella con amor, con esperanza. Podrás salir de esta guerra, volver a tu mar en calma, volver a tu blanca sierra, con más vigor y más guapa.
Pedro Miguel Ponce — «Recuerdo»
Recuerdo cuando solo éramos, cuando solo formábamos parte de un círculo eterno, cuando las miradas surgían y se desvanecían con el tiempo, cuando el valor se fundía con la alegría y dejaba paso a un nuevo comienzo de amor y esperanza.
Miranda Alhama
No vuelvas a empezar. Vuelve a caminar con tus heridas y comprende cuánto has aprendido de ellas. Porque los nuevos comienzos no consisten en dejar atrás lo que nos rompió, sino en descubrir que, incluso entre las grietas, todavía puede crecer algo hermoso. No necesitas otra vida. No necesitas volver al principio. Necesitas atreverte a vivir la que todavía puede florecer.

DESAFÍO MES DE AGOSTO

FRASES INSPIRADORAS SOBRE EL VERANO

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Mercedes Peregrin Cuántas veces la naturaleza nos tiende su mano. Especialmente en estos días de verano, nos derrama sus encantos con mayor intensidad. Nos atrae con sus cantos ancestrales para llevarnos al buen sendero. Para apartarnos de tantas brumas mentales que nos conducen a la incertidumbre y hasta el dolor. Nuestra maestra, por estos caminos terrenales, llega en el momento oportuno,nos seduce con alguno de sus encantamientos: Puede ser un viento súbito que hace danzar las hojas de los árboles entonando melodías a las que ella pone acordes cautivadores. Puede ser descargando una lluvia copiosa que golpea nuestra atención, demostrando su poder, que nunca debemos olvidar. Puede ser proyectando un atardecer dorado que perfila la silueta de una lejana cordillera. Siempre atenta para ayudarnos cuando la necesitamos . Solo es necesario prestarle atención, silenciar nuestros pensamientos, y así percibir su PLENITUD F. Tresviernes "El verano es la edad adulta del año, entre la juventud de la primavera, tras salir de la infancia del invierno y antes de llegar a la tercera edad del otoño." "En el verano hay una expansión de la vida al aire libre, nos abrimos a las personas y a conocer otros lugares fuera de nuestra localidad, para regresar con el equipaje de las experiencias y vivencias acumuladas del verano" F. Tresviernes Elia Ríos El timbre de la risa de mi madre. Perros correteando con el fresco amanecer. Mediodías con olor a carbón y carne, a cloro y carcajadas. Cine casero en las tardes calurosas, paseos nocturnos en el silencio de las calles, cenas tardías, madrugadas de charlas vecinales. Abrazos con aroma a coco en la piel. El verano es familia. Elia Ríos Michael Perrier Sentí el aire acariciar mi rostro, la arena deslizarse entre los dedos de mis pies y el agua del mar, aún adherida a mi piel, secándose poco a poco. Miré al cielo y me sentí agradecido, porque comprendí que estaba vivo.
Dejar mi cuerpo flotando sobre el mar es como regresar al inicio de la vida, protegido de nuevo en el vientre de mi madre. Michael Perrier Pepa Corado Aquel amor de verano, lo recuerdo con nostalgia, aquellos besos en la playa, me envolvían las entrañas. Verano de conciertos, espetos de sardinas, amores veraniegos y olor a manzanilla. El verano para mí, es como el vino dulzón, aromático y embriagador. Pepa Corado

DESAFÍO MES DE JULIO

AMOR LIBRE Y DIVERSIDAD

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F. Tresviernes Amar no es querer Muy pocas personas son capaces de amar, porque la mayoría quieren tener y quien ama no desea poseer, pues respeta la libertad de la persona que ama. Más allá de la identidad y la orientación sexual, puede haber verdadero amor sin diferenciarlo por las edades o los géneros Quien ama crece cada día sin necesitar reciprocidad inmediata F. Tresviernes Pepa Corado Amor libre Cuando el amor llega, Viene la sin razón. Todo es diferente bajo el sol. Que nada quiebre este amor. Ni un meteoritos ni un ciclón. Lucharemos con armaduras y espadas. Las fronteras se acabó. Disfrutemos juntos nuestro amor. Pepa Corado
AMAR SIN LIMITE (2º poesía) Me enamore de sus ojos. Su boca. De su tez. Sus muecas. Era una tarde de verano. Ella sonreía. su mirada, se cruzó con la mía. De emoción yo moría. Me envolvió la desesperación. De un amor tan descabellado. Porque persona de mi mismo sexo. nunca había amado. Que más da, lo que digan. Que más da lo que piensen. Dos corazones se unen para vivir de repente. El amor no tiene edad. Ni entiende de estatus social. Que más da, que sean del mismo sexo. Que daño hacen? Cuando hay respeto. Amor y mucho juego. Pepa Corado Pedro Miguel Ponce " El último suspiro " Allí donde las palabras no llegan, allí donde el olor a café, se pierde en el tiempo, allí donde tan solo habita una cama vacía, allí donde una mano amiga es testigo de tus silencios, allí donde perderse es volver a enamorarse, allí donde los dueños doblan cada esquina, allí donde te espero cada dia. Autor : Pedro Miguel Ponce. Miranda Alhama Título: Fragmentos de colores. Almas fragmentadas en piezas, que el mundo quiso cambiar a la fuerza. Se buscan en las sombras, como luz que no obedece a la norma. Y se unen sus amores, cubriendo sus grietas de bellos colores. Miranda Alhama. Caterina Gravina SOY VENEZUELA En la tierra devastada se hunden las palabras heridas; mientras un doloroso silencio afilado agrieta las paredes de los corazones nobles. El clamor atrapado bajo escombros de esperanza teme lo peor; la ausencia permanente de los seres queridos. Grito sin pausa desde la profundidad de mis entrañas, ¡No teman hijos míos! Soy el regazo de la tierra consolándote, soy hija, madre y abuela. Soy nobleza compartida. Mira el firmamento en busca de refugio porque sigo regalándote mi cielo estrellado vestido de amor. Aunque sientas la fe oxidada capaz de arañar el tiempo, continúa sorteando a la esperanza. Soy la tierra que te ama. Soy Venezuela. Y seguiré conectando a millones de almas con el tricolor tatuado en el pecho, abrazados bajo el mismo sentir del perdón, la esperanza y la unión. Escrito por: Caterina Gravina

DESAFÍO MES DE JUNIO

LA PLAYA DE LA QUE NADIE REGRESA

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Relato 1 — Pepa Corado A lo lejos vi una pequeña isla, reme con todas mis fuerzas, estaba exhausta, deshidratada y hambrienta. Llevaba tres días a la deriva. Solo pretendía echar una tarde de verano en mi pequeña barca. Solo llevaba dos litros de agua, un bocadillo de queso, y varias piezas de fruta. Cuando llevaba unas dos horas en alta mar perdí los remos, no llevaba brújula, se hacía de noche. El miedo se apoderó de mi, me sentí tan vulnerable tan indefensa en medio del mar. Pronto la noche llegó, solo la luz de la luna llena y las estrellas, era toda la luz que podía contemplar. Era una noche cálida, de pronto el mar comenzó a moverse con olas grandes solo esperaba que me llevara a alguna playa. Autora: Pepa Corado. Después de una noche infernal, luchando por preservar mi vida en mi pequeña barca. Ya amaneciendo, vi una pequeña isla remaba con mis manos hasta que el cansancio me venció, cuando desperté, estaba en la playa. Estuve toda la mañana recorriendo la pequeña isla, sin duda estaba abandonada, desertica, cosa de que no podía comprender, porque era un lugar hermoso, llena de vegetación y árboles tropicales, sin duda encontraría agua para saciar mi sed. Cuando volví al lugar donde había dejado mi barca, no estaba la vi a lo lejos en medio del mar. En la barca tenía mis pocas pertenecías, un poco de agua y fruta. Comencé a nadar con la esperanza de recuperar mi barca. Cuando me quince dar cuenta estaba rodeada de tiburones volví a la orilla, faltó muy poco de no ser un festín para aquellos tiburones. Comprendí que estaba indefensa que no podía salir de allí al menos que viniese algun barco a rescatarme. Era de votar importancia encontrar agua, recordé un programa de supervivencia de filtrar el agua del mar con tela, había cocos pero sin navaja, que no encontré la forma de poder abrir un coco, un salzar de grandes moras negras y plantas silvestres, que sabía que eran comestibles, me salvaron mi vida. Relato 2 — Hilda Tomás "Una playa paradisíaca " Dos jovencitas amigas ,solían veranear en la casa que tenían en el balneario. En la noche se escapan del abuelo que estaba para cuidarlas.Tomaron un autobús para llegar al centro del próximo balneario en el que había más movida, las máquinas tragamonedas animaban el ambiente,entre tragos y conversaciones dos chicos se acercan y las invitan a bajar a la playa ,todo era divertido hasta que dijeron de marcharse,ellos ya tenían un plan ,suben por el sendero más oscuro con mucha arboleda,intentaron violarlas, los gritos de ellas eran tan fuertes que los oyera una pareja que caminaba por la arena.Pronto vinieron a socorrerlas ,tuvieron mucha suerte.Pensando que la pesadilla había terminado ,no fue así unos pasos más adelante se encuentran con el cuerpo sin vida de otra chica.No sab8an que hacer ,en ese entonces no existían los móviles, la pareja decide ir al agua para ordenar sus ideas y salir del shock producido,las niñas no se separan de ellos .En la orilla hay otra mujer muerta,corren despavoridos a dar aviso a la policía.Lo que podría haber sido una noche mágica se convierte en una de terror.La playa tenía su encanto ,las palmeras eran parte de su belleza, las barcas descansaban medidas por el mar ,las luces rodeaban la bahía y era como si dijeran aquí hay vida,risas,música, diversión. Pero no todas pudieron salir de la paradisíaca playa. Autora: Hilda Tomás. Relato 3 — Elia Ríos El olor es muy reconocible y agradable: maresía y la crema solar de Mamá. Me traslada a mi infancia, correteando bajo su atenta mirada que, en contadas ocasiones, se perdía en el fondo del mar, preguntándose en qué rincón del mundo se escondió mi padre. Papá se fue tan pronto que no me dejó ni el recuerdo de su rostro. Mamá murió sin que yo me atreviera a preguntarle, esquivando un sollozo que no estaba preparado para escuchar. Solo mi abuela me dijo una vez: “Tu padre apareció y enamoró a mi pobre hija. Ahora tengo un nieto bastardo y ella una triste nota que dice: No puedo ser padre. No me busques”. Un pequeño bote asoma en mitad del océano, demasiado alejado. La fina arena dorada acaricia mis pies. Le doy la espalda a la impenetrable selva que diviso pocos metros más allá. En un par de ocasiones he intentado atravesarla, pero es imposible. No importa, encontraré el modo de salir de aquí. Las olas lamen con delicadeza unas huellas que observo una y otra vez. Son los pasos que alguien dio hacia el océano y que no se difuminan con el agua. Esta retrocede y, de nuevo, los observo preguntándome si me he vuelto loco. Ningún paso hacia la selva, ningún paso hacia ninguna parte a excepción de esas huellas que desaparecen en el mar. Me concentro en el olor, el único refugio en esta playa paradisíaca de la que no puedo escapar. Ese aroma tan familiar se torna más intenso y acaba por abrumarme. Abro los ojos y, de repente, un tipo camina hacia mí, sonriente y extendiendo los brazos. Parece venir desde el océano, pues sigo sin encontrar ninguna otra huella a su alrededor. —¡Te he esperado tanto tiempo! —exclama. Sus ojos son del mismo azul que los míos—. Intenté volver tantas veces… Pero no pude. El mar me devoró y aquí terminé, en este maldito limbo, esperándote. —¿A… a mí? —consigo balbucear. —¡Claro, hijo! Empiezo a marearme. No comprendo nada. Me planteo seriamente correr y estrellarme contra los matorrales que nunca me dejan avanzar hacia la selva. —Eso no va a funcionar —me dice el tipo como si escuchara mis pensamientos. Coge mi mano y sonríe arrugando las comisuras de sus labios. —¿Quién eres? ¿Qué quieres? —consigo exigir. Él mira hacia el océano. Es realmente precioso. Entierro los dedos de mis pies en la cálida arena. Sigo su dedo, que señala hacia el horizonte. El bote, antes tan lejano, se acerca. A bordo, Mamá me saluda. No consigo moverme. La embarcación para en seco junto a la orilla, a unos metros de nosotros. Miro confuso al hombre que sonríe a mi lado. —Hijo mío, te ahogaste. El mar te devoró igual que a mí. Vamos con tu madre, ella es nuestra salvación. Solo con vuestro perdón podré cruzar hacia el verdadero paraíso, a vuestro lado al fin. Observo esta maldita playa paradisíaca una última vez, entre los brazos de mis padres… por primera vez. Autora: Elia Valois Relato 4 — Miranda Alhama Título: Un lugar donde quedarse. La brisa marina rozaba mi rostro mientras abría los ojos. Me incorporé lentamente, con el cuerpo y la mente totalmente descansados. La playa que había ante mí no aparecía en ningún mapa. Lo sabía porque pasé años recorriendo carreteras secundarias con mi moto, buscando lugares… Sin embargo, cuando desperté sobre aquella arena blanca y contemplé el mar más calmado y cristalino que había visto en mi vida, no recordaba cómo había llegado allí. Lo primero que me llamó la atención fueron las huellas. Cientos de huellas que se dirigían al interior, pero ninguna se alejaba hacia los acantilados que la rodeaban. Durante los primeros días, aunque a veces me olvidaba de contarlos, pensé que se trataba de una coincidencia. La playa estaba llena de gente. Familias, parejas, ancianos, viajeros solitarios. Algunas autocaravanas parecían llevar años estacionadas junto a las palmeras. Por las noches compartíamos comida alrededor de las hogueras y, aunque muchos aseguraban no conocerse antes de llegar, se comportaban como una gran familia. A la que nos invitaban a participar amablemente. Lo extraño era que nadie hablaba de marcharse. Una tarde me senté junto a una mujer que observaba a un niño jugar cerca de la orilla. —Debe tener unos ocho años —comenté. La sonrisa que apareció en su rostro fue tan radiante que me sorprendió. Sus ojos vidriosos hablaban por sí mismos. —Los que tenía cuando lo perdí —contestó con calma—. Ya han pasado quince años desde entonces. El niño levantó una concha que acababa de encontrar y corrió hacia su madre para enseñársela. La mujer le revolvió el pelo con ternura. No fue la única historia imposible que escuché. Había quien había vuelto a caminar sin dolor, otros que comenzaban a ver por primera vez en sus vidas o quien simplemente había encontrado una paz que nunca había conocido. Algunos decían llevar días. Otros hablaban de años. Y mientras observaba a aquellas personas, empecé a sentir algo que llevaba demasiado tiempo sin sentir: que pertenecía a algún lugar. No sé cuánto tiempo pasó antes de encontrar el sendero de vuelta. Ascendía entre las rocas hasta el exterior de la playa. No estaba oculto, nadie lo vigilaba, simplemente estaba allí. Al final del camino me esperaba mi moto. Al verla, los recuerdos regresaron de golpe: la carretera costera, el rugido del motor, la carta doblada dentro de mi chaqueta y la decisión que había tomado antes de emprender aquel último viaje. Podía marcharme. La salida había estado allí todo el tiempo. A mi espalda escuché risas. Alguien encendía una hoguera para la cena. Alguien me llamó por mi nombre. Hacía tanto tiempo que nadie lo pronunciaba que tardé unos segundos en reconocerlo. Miré una última vez las huellas que marcaban el rumbo al interior de la playa. Entonces comprendí que la playa no retenía a nadie. Simplemente ofrecía aquello que más necesitabas. Así que me di la vuelta. Cuando regresé a la playa, alguien me recibió con una sonrisa, como si hubiera estado esperándome. Autora: Miranda Alhama Relato 5 — M. Luisa Morales Que la vida son dos días, que veinte años no es nada, que es un suspiro... Tantas frases, dichos y refranes se repiten a través de los tiempos para definir el corto espacio que ocupa nuestra existencia. Miraba al mar con estos pensamientos en mi cabeza, con una media sonrisa de aceptación y los ojos en el horizonte, inmaculadamente recto. La playa de dunas moteadas de sabinas me trajo hasta aquí, hasta la orilla, sin apenas darme cuenta. Este interminable rebalaje por el que camino mojándome los pies en esta agua increíblemente templada. Da gusto, pienso. A lo lejos veo una pequeña construcción; la brisa me trae apenas pequeños retazos de música y alguna carcajada. Hay gente. Pero la playa está solitaria. ¿Cómo he llegado hasta aquí? No me acuerdo. El mar está sereno; pequeñas olitas marcan su eterno ritmo, como un gran corazón que, en ese momento, pareciera que descansara. Todo está tranquilo, todo está bien. ¿Cómo he llegado aquí? Me pregunto de nuevo. Me esfuerzo en recordar; solo algunos flashes centellean en mi mente con imágenes confusas: un coche, risas... ¿Qué más? Uuffff, me cuesta; un camión... De repente me doy cuenta, pero es extraño, no me importa, estoy bien. Miro la inmensa playa, siento la suave brisa, su aroma a salitre tan familiar. Vuelvo mi cara hacia la pequeña construcción, me pongo la mano a modo de visera. Desde allí me llaman. Fijo mi mirada. Alguien me invita a que me acerque a ellos. Sí, voy a ir, estoy contenta. Camino por el rebalaje, una nueva senda, una nueva vida. Autora: M. Luisa Morales Relato 6 — Manme Lendínez Me costaba abrir los ojos y estaba desorientada. Cuando conseguí abrirlos, empecé a distinguir a algunas compañeras tiradas en la arena, y parte de ellas empezaban a despertar. No recordábamos cómo habíamos llegado hasta allí. Había un velero encallado en la orilla con el nombre de Tom. ¿Quién era Tom? ¿Él nos había llevado hasta aquella playa? Y, sobre todo, ¿por qué? Poco a poco empezamos a identificar el lugar. Era una isla que parecía desierta, con palmeras enormes. En medio de todas ellas se alzaba lo que parecía un monte o un volcán. No conseguíamos distinguirlo con claridad. En el cielo había un elemento circular, de color oscuro, que nunca habíamos visto antes. Y, en el horizonte, se distinguían formas y sombras desconocidas para nosotras. Empezamos a ponernos nerviosas. Algunas intentaron huir en el velero, pero este chocaba una y otra vez. No había escapatoria. Algunas probaron suerte a nado, sin éxito. Entonces descubrimos que era agua azucarada. ¿Azucarada? ¿Cómo era posible? Lo que para muchas sería un paraíso, para nosotras era una pesadilla y, por mucho que trabajábamos en equipo, no conseguíamos liberarnos. Cuando nos dirigíamos a explorar lo que creíamos que era un volcán, nos quedamos completamente a ciegas. Entramos en pánico al instante. Al mismo tiempo, escuchamos unos golpes secos. —¡Tom, ven a cenar y deja ya tranquilas a las hormigas! —Ya iba, pero no des golpes en la puerta, que son muy sensibles —dijo Tom en voz baja, como si pudieran escucharlo. Autora: Manme Lendínez Relato 7 — Michael Perrier La playa donde aún te encuentro La playa donde aún te encuentro Hay playas que aparecen en los mapas. Esta no. La encontré por accidente, como se encuentran las cosas que no deberían encontrarse. Un camino de tierra entre los pinos, una verja sin candado y, de repente, el mar. Tan azul que dolía mirarlo. La arena tan blanca que parecía luz sólida. Me quedé sin palabras. Y entonces te vi. Estabas sentado a la orilla, con los pies en el agua, igual que hacías cuando éramos niños. Me detuve. El corazón me dio un vuelco extraño, una mezcla de alegría y de algo que todavía no sé nombrar. Porque tú llevabas tres años muerto. Me acerqué despacio. Pensé que me había equivocado, que era otro, que el sol me jugaba una mala pasada. Pero cuando te giraste y me miraste, supe que eras tú. Los mismos ojos. La misma sonrisa torcida de siempre. —Sabía que vendrías —dijiste. No grité. No salí corriendo. Me senté a tu lado como si el tiempo no hubiera pasado, como si nada de lo que sabía fuera verdad. Estuvimos horas hablando. De todo y de nada. De la infancia. De aquel primer beso torpe en una playa parecida a esta, con sabor a sal y risa nerviosa. De los años que se perdieron entre el silencio y la distancia. De todo lo que nunca nos dijimos. Cuando el sol empezó a bajar, me levanté. —Tengo que irme —dije. Tú no respondiste. Solo miraste el horizonte con esa calma extraña que no recordaba en ti. Caminé hacia el camino de tierra. Pero los pinos eran distintos. La verja no estaba. Solo arena, en todas las direcciones, interminable y blanca. Volví a la orilla. —¿Qué es este lugar? —pregunté. Entonces me miraste de una forma que nunca antes había visto. No con tristeza. Tampoco con crueldad. Con algo parecido a la lástima. —Es el lugar donde van los que no pudieron despedirse —dijiste—. Los que dejaron algo sin terminar. El mar seguía igual de azul. La arena igual de blanca. —¿Y si quiero marcharme? Tardaste en responder. —Todos lo quieren, al principio. Me senté de nuevo a tu lado. Las olas rompían despacio sobre nuestros pies. El cielo se fue tiñendo de naranja, luego de violeta y, finalmente, de negro. Las estrellas aparecieron una a una, como si alguien las encendiera desde dentro. Era tan hermoso que daba miedo. —¿Cuánto tiempo llevas aquí? —te pregunté. Sonreíste. —El tiempo aquí no funciona igual. Esa noche dormí en la arena, con el sonido del mar como única compañía. Y soñé con el camino de tierra, con la verja sin candado, con el mundo al otro lado. Por la mañana, el mar seguía igual de azul. Y yo seguía sin encontrar la salida. Pero lo más extraño, lo que todavía no me explico, es esto: Que cada vez me importa menos encontrarla. Autor : MICHAEL PERRIER Relato 8 — José Moreno Jaime TODA UNA VIDA POR DELANTE Aquel miércoles 17 de junio era un día perfecto para salir a navegar en hidro pedal, el mar estaba en calma total y de un azul turquesa, que solo el cielo se atrevió a competir en belleza con él. Javier y Manuela lo tenian claro, llevaban tiempo gustandose y aquel era el día perfecto para perderse en el mar y declararse ese amor que tanto tiempo llevaban callando. Ninguno se atrevió a decirlo, pero los dos lo estaban deseando, sabían que aquel era el día y por eso estanban dispuestos a perderse en alta mar, allá donde nadie los viera darse ese primer beso tantas veces negado por ella, pero a la vez tan deseado por ambos. Cogieron el hidropedal y se fueron alejando de la orilla hasta estar seguros de que nadie les podría distinguir desde tierra. Pocos eran los barcos que navegaban cerca, apesar del esplendido día y la serenidad de las aguas. Javier dejo de pedalear y expreso el deseo de detenerse y descansar un poco, Manuela asintió sonriente y sacó una botella de agua que llevaba en la mochila, para refrescarse los labios. Deseaba que ese beso que estaba deseando llegara cuánto antes y quería tener la boca fresca y los labios jugosos, bebió y le dio a beber a Javier. Javier bebió mirandola de frente mientras bebía y luego le devolvió la botella muy lentamente, ahí ella acarició la mano de él y la llevó hasta su cuerpo, apartando la botella. Las manos fueron subiendo suavemente por los contornos de cada cuerpo hasta trepar acariciando por el cuello y las mejillas para guiar cada boca a su destino. Los labios se unieron en un beso tan largo, tan largo, que cuando se dieron cuenta habían perdido la noción del tiempo, había subido la marea y el mar los había llevado hasta un lugar desconocido, cerca de una isla pequeña y remota. Al principio sintieron miedo, no sabían dónde estaban, no se veía más tierra que aquella pequeña isla, pero para ellos tenía tanta fuerza aquel amor que se habian declarado mutuamente que era mucho más fuerte que el miedo a lo desconocido. Llegaron hasta la orilla de una playa pequeña de arena fina y dorada, sacaron el hidropedar y penetraron por entre la espesa arboleda que cubría la isla. Ahora tenian una situación agridulce: habían conseguido declararse su amor, estar juntos y donde nadie los viera. Pero ahora no tenían ni idea de cómo y por dónde se podría salir de allí, a su alrededor solo se veía agua, el idropedar se había estropeado y no admitía reparación posible. Eso sí, tenian un amor recién estrenado, una esplendida playa para ellos dos y toda una vida por delante para disfrutar de su amor. Autor: José Moreno Jaime Relato 9 — Pedro Miguel Ponce - Luz Olvidada - Abrí los ojos y pude verme tendido en arenas blancas. Intenté recuperar el equilibrio ya que mi cuerpo experimentaba una especie de sacudida. Respiré varias veces hasta sentirme en calma. Al fin pude levantarme de aquel estado de ensoñación. Todo era confuso, desconcertante y desafiante. Una sensación, una especie de hormigueo paralizante recorría mi cuerpo. Mi cabeza no dejaba de percibirse como una sacudida atemporal. No era consciente de porqué me encontraba en aquella isla, aún así, la estaba vivienda como real. Mientras intentaba recuperar fuerzas, a lo lejos, pude ver la silueta de una mujer que se acercaba hacia mi. Su rostro me era familiar, sin embargo, no llegaba a darle recordatorio en mi mente. Su cercanía me era de una índole un tanto desafiante, su sola presencia me sacudía mi alma. Al tiempo que sus pasos la hacían llegar a mi, percibía una conducta, algo recurrente. Me sentía en desnudez plena, aquella que experimentas cuando ya no te queda nada, cuando lo has perdido todo y lo único que te queda es ser testigo del instante presente. Pues bien, todo se desvanecía ante mis ojos, todo flotaba sobre mi mente como pensamientos esperando a ser liberados de su cautiverio. Al fin pude verme cara a cara, con el rostro en el que puse todo mi foco. << Aparecí de la nada y de la nada, caminé descalzo >>. Aquel mensaje se me fue dado a través de algo llamado telepatía. Nada de palabras, nada de intenciones, solo un estado puro de calma, equilibrio y bondad. Entonces supe quien era realmente aquella mujer desconocida. Aquella que me había condicionado a romper con todo. Aquella que no pedía nada, sino en la nada lo era todo. Aquella mujer era y es, mi luz olvidada. En aquel instante todo empezó a cobrar sentido, playa de arenas blancas, luz pura del alma, estado de conciencia, hogar. Y desde entonces, desde aquel encuentro tan revelador, permanezco en aquella playa de arenas blancas. Autor : Pedro Miguel Ponce. Título : Luz Olvidada.

DESAFÍO DE MAYO

El desafío literario de mayo, “La feria del libro que nadie cuenta”, quedó finalmente sin participación.

A veces los tiempos, el trabajo y las obligaciones hacen que no podamos detenernos a escribir tanto como nos gustaría. Pero eso también forma parte del camino creativo.

Desde la Asociación seguimos adelante con nuevas propuestas, nuevos retos y nuevas oportunidades para quienes deseen participar.

A continuación compartiremos el desafío literario de junio, con una nueva idea para seguir escribiendo, creando y dando voz a nuestras historias.

DESAFÍO MARZO / ABRIL

LA VERDAD INCÓMODA

Este desafío se amplió durante el mes de abril para dar espacio a nuevas voces.

Título: Estoy bien... O eso dicen. "Estoy bien." Esa es la primera mentira que salió de mi boca. La segunda fue sonreír cuando me preguntaban qué tal, porque explicar la verdad siempre era demasiado largo, demasiado incómodo, demasiado...todo. Al principio lo intenté. Dije palabras técnicas que sonaban importantes. Describí síntomas, dolores y emociones. Hablé de días donde apenas podía dar ni dos pasos sin la necesidad de acudir al baño, de noches sin dormir, de cansancio constante, de mañanas con tal sensación de vértigo, que dificultaba mantener mi propio equilibrio. Expliqué la elaboración de menús específicos para favorecer la digestión, maneras de cocinar con precisión y medidas justas de los alimentos. Me escuchaban. Asentían. Pero luego llegaban las dichosas frases que todos hemos oído alguna vez en nuestras vidas. —Bueno, seguro que te pondrás mejor. —Yo te veo buena cara. —Tampoco será para tanto. —¿Estás comiendo bien? Es que no puedes comer tanto precocinado ni tanto frito. —¿Seguro que no es una excusa para no trabajar? Ahí empezó todo. Como si cada vez que alguien le quitaba importancia a lo que me pasaba, borrara una parte de legitimidad. Esas palabras, en ocasiones sin mala intención, otras dichas para juzgar, dolían terriblemente. Así que dejé de dar explicaciones. Aprendí a ir al baño en silencio, a disimular el dolor en público, a fingir que me encontraba bien. Me convertí en una versión funcional de mí misma para no incomodar a nadie. Porque es más fácil fingir que estás bien, que explicar algo que los demás no quieren entender. Porque nadie quiere hablar de esto. La gente no quiere hablar de que algo va mal, no quiere saber que hay enfermedades que no se ven a simple vista y son incurables. De que el cuerpo puede convertirse en tu mayor enemigo. De que el dolor, cuando no se refuta con pruebas médicas, puede no ser fingido. Y sobre todo... No quieren hablar de lo fácil que es empezar a desaparecer cuando nadie valida lo que te pasa. Al final, acabas sintiendo que nadie te comprende, que tu enfermedad es una debilidad. Y eso te hace sentir miserable e insignificante. Hasta el punto de creer que tan solo eres una carga para los demás. Es mirar tu rostro pálido y enfermizo en el espejo. Tu mirada cansada de ojos apagados. Sentir el dolor constante en cada parte de tu cuerpo. Y preguntarte qué has hecho mal en tu vida para merecer este castigo. Autora: Miranda Alhama
La verdad incómoda del escritor Tuve que alejarme de algunos grupos y círculos. Por desgracia, el único motivo es una diferencia de opiniones. Lo que suele ocurrir en estos casos: yo estoy convencida de tener la razón… y la parte contraria también. Seguramente ambos tenemos parte de razón. Juzguen ustedes mismos. En las redes sociales encontramos ese pequeño mundo del escritor independiente. Existen grupos a montones, unos más centrados en el tema principal y otros más dispersos. Y en todos ellos he procurado defender una idea muy sencilla: una cosa es ser alguien que escribe y otra ser escritor. Y ninguna de las dos opciones es mejor que la otra. La cantidad de gente que defiende que alguien que escribe ya es escritor me abrumó demasiado. Porque me parece que nadie quiere hablar de esto. Nadie quiere reconocer que, por muchas herramientas que tengamos hoy al alcance de nuestra mano para publicar nuestros textos, no nos convertimos automáticamente en escritores. El sector independiente, poco a poco, está consiguiendo un hueco en el mercado editorial, el lector ya le da una oportunidad al autor desconocido. Eso no ha sido fácil de conseguir. Y no debemos dar nada por seguro. No se trata de ventas, se trata de tomárselo en serio, de respetar el oficio. No basta con tener talento, maquetar y subirlo a esa librería online tan famosa y que tan fácil nos lo pone. Porque, en el fondo, a los artistas no nos gusta reconocer que nuestras obras son, también, un producto. Como parte del sector independiente que lucha por ganarse el respeto del resto del mercado y del lector, tenemos la obligación de ofrecer un producto de calidad. Y la cruda realidad es que un porcentaje demasiado bajo cumple con esto. Un auténtico escritor entiende que nunca dejamos de formarnos, que nuestros textos deben ser revisados antes de publicarse y que, cualquier otra cosa, no merece ser publicada. Porque cuando un lector se encuentra un ritmo narrativo tropezado, unos personajes planos, una construcción de párrafos desigual o, incluso, errores ortográficos imperdonables, se lo pensará dos veces antes de volver a apostar por nosotros. No todo vale. Que mi marido haya hecho un zapatero en sus ratos libres no le hace carpintero. Que puedas publicar lo que quieras sin apenas filtros de calidad no te hace escritor. Eres alguien que escribe, y te animo a que sigas haciéndolo. No todos tenemos que llevarlo a un plano más profesional. Pero, si eso es lo que quieres, sé coherente, olvida tu ego, trabaja duro y no entorpezcas tu propio crecimiento y el de los demás. Elia Ríos

DESAFÍO DE FEBRERO

CARTA QUE NUNCA DEBIÓ ENVIARSE

Día 14 de febrero de 2026 ILUSTRISIMO SEÑOR JUEZ Ilustrisimo señor Juez, de antemano le confieso que no es mi culpa. ¿Pudo ser un error de cupido, la luz de una dulce mirada, o el ultimo deseo de un corazón desvalido? Yo no la quise retener, pero creame si le digo, qué tengo a una mujer detenida en mi mente. Y creame también si le digo, que no pretendo liberarla, ni aunque usted me lo impusiera por ley. Pues ella es muy libre de entrar y salir cuando quiera, aunque tampoco creo que se vaya, ni aunque yo lo quisiera. Pues no depende ni de mí ni de ella, consiguió abrir las puertas de mi corazón, y es desde ahí, en la oscuridad de la noche, cuando entra sigilosa y se mete en mi sueños. Y le confieso Señoría, qué hasta es bonito poderla soñar. ¡Qué haría yo sin verla deambular cada noche, igual que una mariposa, por el jardín de mi mente! ¡Qué haría yo sin ver aunque sea en sueños: su figura, sus andares y su elegancia al caminar! Y cuando la sueño de frente y fija sus ojos en mí, son tan lindos, expresivos y atrayentes, que aunque su boca es callada, ellos todo me lo suelen decir. Es por ello que yo no creo tenerla prisionera, más bien creo que el prisionero soy yo. Prisionero de esos expresivos ojos de mujer, de sus labios de fresa, cacao y de miel. Prisionero de su instinto de garza real, de su atrevimiento y saber. ¿Y ha visto su Señoría qué cuerpo? ¡No lo tienen las princesas, ni esas mulatas tan guapas que salen en las novelas! Señoría, yo sé que nunca podré amarla, por esas muchas barreras que el destino nos colocó a lo largo del camino. Y si tocarla es delito, si alabar su belleza con los ojos es lujuria. ¡Declareme usted culpable! ¡Pero ya qué nunca seré su dueño! ¡Concedame al menos, la libertad de soñarla y la de quererla en mi sueños! JMJ
Hoy, día 14 de febrero, he creído que era el momento idóneo para escribir esta carta. Tenía tres modelos para elegir, siempre que fuera dentro del género de amor, o desamor. Y como lo mío es escribirle al amor, no me ha sido difícil escribir una de cada modelo. La primera tenía que ser a una persona que llevara mas de diez años sin ver. Pero como no se da esa circunstancia, la he escrito para alguien que sé que me quiere actualmente. La he escrito toda llena de amor como ella se merece y se la he dado al párroco del pueblo en rigurosa confesión, para que la entregue pasado ese tiempo. Mientras tanto tendrá que seguir viviendo en la sombra como cualquier amor platónico. La segunda va dirigida a otro amor imposible, por estar ya comprometida y he considerado que lo mejor es no mandarla. La guardaré en el baul de los recuerdos, ahí donde las cosas más bonitas que me han pasado en la vida. Y en la tercera he puesto tanto amor como se merece la persona que me tiene enamorado. Aquí forzosamente tenía que haber un final y una despedida, pero nuestro amor ha sido bonito desde el comienzo y no podía terminar de otra manera. Tenía que ser con un abrazo de esos que se funden cuerpo con cuerpo y se dicen: hasta pronto cariño, no olvides nunca que mi amor por ti es eterno. Aquí puse en ello tanto amor, era tan grande mi querer, qué cuando me he dado cuenta, se había prendido en llamas y aunque he tratado de apagarlo con mis propias lagrimas. Eran tantas, que ha quedado un trozo chamuscado por el fuego y el otro trozo mojado. Y la verdad es que, como misiva de amor ya no tiene razón de ser. Lo siento, volveré a escribirla otra vez. JMJ
Carta que nunca debió enviarse Treinta y dos años. Y seguimos mirándonos igual. No puedo fingir que no te veo. No puedo fingir que el tiempo nos ha vuelto inmunes. Nos vemos. Coincidimos. Sonreímos. Hablamos de lo correcto. De lo normal. De lo que se espera. Pero debajo de cada palabra hay otra conversación que nunca pronunciamos. A veces me pregunto si alguien más lo nota. Esa pausa mínima antes de apartar la mirada. Ese silencio que se instala cuando nos quedamos a solas, aunque sea unos segundos. Esa electricidad contenida que no desapareció con los años, solo aprendió a quedarse quieta. Éramos niños cuando empezó. Demasiado pequeños para entender por qué aquello estaba mal, pero lo bastante conscientes para sentir que era real. Nadie nos gritó que no. No hizo falta. Lo entendimos en la forma en que el mundo nos rodeaba. Y crecimos. Construimos vidas. Ideales. Estabilidad. Familias que merecen respeto. Personas que confían en nosotros. Hijos que nos miran como ejemplo. Y cada vez que coincidimos y el pasado se asoma sin pedir permiso, elegimos lo mismo. Contenernos. Aquí está la verdad que no debería escribir: Podríamos haber cruzado la línea más de una vez. A solas. En silencio. Sin que nadie lo supiera. Pero no lo hicimos. No por miedo. No por falta de deseo. Sino porque sabíamos que unas horas no compensarían el peso del arrepentimiento. Que el respeto a los nuestros vale más que la satisfacción de lo que pudo ser. Que hay amores que no se consuman no porque no ardan, sino porque arderían demasiado. Y, aun así, te quise más de lo que debía. Quizá te sigo queriendo de una forma que no se apaga del todo. No es un amor que reclame futuro. No es una fantasía adolescente congelada en el tiempo. Es algo más complejo. Es la conciencia de que hubo una conexión profunda, limpia en su origen, imposible en su desarrollo, que sobrevivió al paso de los años sin convertirse en traición. Nos miramos y sabemos. Y decidimos no hacer nada. Eso, aunque nadie lo vea, también es amor. Amor por nuestras familias. Amor por la estabilidad que tanto nos costó construir. Amor por la versión adulta que aprendió a elegir lo correcto incluso cuando lo correcto duele. Si enviara esta carta, cambiaría algo. Tal vez removería lo que mantenemos en equilibrio. Tal vez rompería la serenidad que tanto cuidamos. Por eso no debe enviarse. Porque lo nuestro no necesita consumarse para haber sido verdadero. Seguiremos viéndonos. Seguiremos hablando de todo y de nada. Y seguiremos callando lo único que podría incendiarlo todo. Y en ese silencio compartido, quizá esté la forma más honesta de querernos. No la enviaré. Pero necesitaba escribirla. AUTOR: ABRAHAM VALLE MERINO
Buenas noches, Javier. Me demoré en contestar, y no puedo negar que estuve tentada de no hacerlo. Siguiendo el encabezamiento de tu carta, donde dices: “Compromiso, sí o no”. Te diré que asumí el compromiso contigo desde el día en que me pediste que fuera tu novia. Bien sabes cómo empezó y evolucionó nuestra relación. Tú buscabas una mujer para mantener convivencia con ella. Yo buscaba un hombre más joven, y dicho en términos laborales, con “contrato fijo, a tiempo parcial”. Ya sabías, desde el principio, que yo no contemplaba la convivencia en pareja. También conocías que me llevabas nueve años, con lo que la primera cita, podría haber sido la última. Ni tú era el hombre que yo quería, ni yo la mujer que querías tú. Te sentiste atraído por mi personalidad, me decías. En mi caso, no existió esa química inicial. Hasta ahora, de todos los hombres que conocí y, de entrada me gustaron, el tiempo me demostró que no me convenían. ¿Por qué no hacerlo al revés? De repente encuentro a alguien, que aparentemente me conviene, que se interesa por mí y que reúne cualidades de esas que adornan el perfil del hombre que llevo esperando mucho tiempo. Por eso pensé que debía darme la oportunidad de conocerte. Después de las vivencias que he compartido contigo, estaba convencida de que merecía la pena seguir conociéndonos; hasta que, de forma unilateral, dabas por zanjada esta relación. Me obligaste a decidir entre el teatro o tú, entre otras cosas, porque sospechabas que podría estar con un compañero. Hemos hablado muchas veces desnudando nuestra alma, mostrando al otro las inquietudes, los miedos e inseguridades y nuestras miserias; todo aquello que nos ha hecho comprender y conocer el por qué de nuestras reacciones y formas de ver la vida. Posiblemente, tus expectativas conmigo hayan sido muy altas y consideres que “no estuve a la altura”. En mi descargo, te diré que he estado a la altura de todo lo que mi corazón, cabeza y cuerpo me han indicado. Necesito contundentes pruebas para abrir definitivamente la llave de mi corazón antes de entregárselo a alguien. Me lo han hecho jirones varias veces y con el tiempo se aprende cómo blindarlo. ¿Qué te parece si yo actuara igual que tú, y te planteara esas mismas sospechas? Sobre todo porque la experiencia me ha demostrado que ningún hombre deja a una mujer si no tiene a otra en puerta, o si ya la tenía de antes. Por la afinidad sexual y la complicidad en otras facetas, reconozco que te estaba cogiendo cariño. ¡Oh, casualidad! Y justo ahora, te bates en retirada. Aquí es donde después de desmontar el puzzle y montarlo de nuevo, descubro la estrategia de tu juego. ¡Lo vi claro! Insistías en convivir conmigo a sabiendas, precisamente, de mi negativa. ¿Por qué? Así tenías la coartada perfecta para romper, dejando la “culpabilidad” en mi terreno. De esta forma, pasas de una relación a otra sin despeinarte; pero no contabas con las carambolas del azar. Me enteré de que estás casado. He conocido a Mayte, tu mujer. ¿Qué tal si le preguntamos a ella qué opina de “nuestra relación”? Lamento que hayamos terminado de esta manera, pero sobre todo lo siento, porque esta historia no debió haber comenzado nunca. Hasta siempre, Javier. Maribel C.
Mía Gabrielle “A ti” No debería escribirte. Lo sé desde la primera línea, desde el temblor torpe de esta mano que no ha aprendido a olvidarte. El papel parece arderme, como si supiera que decir tu nombre todavía es una imprudencia, un acto casi criminal después de tanto tiempo. Han pasado diez años. Diez inviernos, diez versiones de mí intentando ser alguien que no te busque en cada esquina. Diez años sin verte y, aun así, sigo reconociéndote en desconocidos, en risas que no son la tuya, en silencios que sí lo son. No voy a enviarte esto. No debo. Porque hay verdades que, una vez dichas, no vuelven a su lugar. Y esta es una de ellas: nunca dejé de quererte. No de la forma amable y correcta que el tiempo exige, sino de la otra, la que se esconde, la que aprende a sobrevivir en los márgenes de la vida que uno eligió —o fingió elegir—. La verdad que podría cambiarlo todo es simple y brutal: si me pidieras que volviera, lo haría. A pesar de los años, de las cicatrices. A pesar de saber que ese gesto sería un error. El error más hermoso y más devastador. También hay otra verdad, menos heroica: no te busqué porque tuve miedo. Miedo de descubrir que ya no quedaba nada. O peor aún, de desvelar que aún quedaba todo. Esta carta es una despedida, aunque suene a contradicción, porque seguir amándote en silencio es la única forma decente que me queda de sobrevivir. Si la enviara, abriría una puerta que quizá no sabríamos cerrar. Haría temblar vidas que ahora se sostienen por costumbre. La mía incluida. Por eso se queda aquí. Doblando el papel con cuidado, como quien guarda un incendio en el bolsillo. Como quien elige el daño conocido antes que la esperanza imprudente. Si alguna vez sientes, sin saber por qué, que alguien te quiso más de lo que debía…, eras tú. Siempre fuiste tú. Y ahora, por fin, me rindo sin ti.
Querido amigo:. Hace mucho tiempo que no escribo una carta. Hace mucho tiempo que , simplemente, no escribo. Hace mucho que te conozco y ahora, arropada por el tiempo y la distancia, te digo que pudimos ser más que amigos. Cierto que no te di señal alguna, cierto que me gustaba verte venir, arreglado, limpio y afeitado para pasar un ratito conmigo. Siempre me gustaron tus poemas y ahora, los echo tanto de menos! Tomamos caminos diferentes, se impuso la distancia y casi el olvido, pero no te olvido; Como olvidar tu alegría de verme? ¿Como olvidar tus abrazos de amigo? Abrazos impregnados de amor y deseo a los cuales yo hice un caso esquivo. Ahora lo sé y los necesito. Nos conocimos en épocas distintas, tu camino no fue el mismo que el mío, nos separó la vida y las circunstancias, no fue lo bastante fuerte nuestro lazo de amigo. Solo amigo? Hubiera podido ser más, perdona que te lo diga ahora, ahora que nos separan siglos. Yo hubiera podido dejar que ese abrazo hubiera sido más íntimo, yo hubiera podido dejar que susurras en mi oído, y yo pudiera haberte hecho un gesto afirmativo... Todo se quedó ahí, vacío y ahora... Ahora es cuando más lo necesito! Y se que tú corazón hubiera latido junto al mío. Perdona que te lo diga ahora. Perdona que tú amor y mi amor nunca se hayan conocido. MLM

DESAFÍO DE ENERO

LO QUE EMPIEZA CUANDO TODO ACABA

"La Decisión"

Fuera de mi país en un tiempo yo viví. Me gustaba su gente y el ritmo de la ciudad que espléndida me acogía. Muy a pesar mío sentía que no era mi lugar, deambulaba por las calles sin saber donde ir. En mi desesperación y tanto caminar una iglesia encontré, largas horas hablaba con Dios. Que hago aquí Señor mío ayúdame a regresar. Mis niños están contentos no los quiero defraudar. Ellos tienen sus primos ,sus grupos de amigos pero yo... he perdido mi identidad. Mi Dios Todopoderoso mis ruegos escuchó Mi hijo el del medio al país fue de visita y con los abuelos se quedó. El mayor había dejado un amor que también a regresar lo convenció . Y el chiquito me faltaba que aceptará mi decisión, extrañaba a sus hermanos y aunque el cambio hacerlo le costaba ya tenía sus amistades y el cole que tanto le gustaba. Una mañana al despertar me dijo quiero estar con mi familia. El viaje en barco estará guay .Mami vamos a regresar, lo vi tan entusiasmado que no lo hice esperar.

Hilda Tomás

"Volvió el invierno y mi vida"

Después de tanto dolor, después de las despedidas y quedarme sola por primera vez en mi vida.

Después de tantos interrogantes sobre la vida, mi vida, mis días, mis noches, mi completa soledad.

Después de no encontrar explicación, ni respuesta a todos los interrogantes que se me plantearon, preguntas que no sabía, siquiera, que existían.

Después de tantas lágrimas, tantas noches en las que me faltaba el aire. Tantas infusiones en la madrugada; me recetaron ansiolíticos, yo pasaba de eso! A mí me enseñaron otras cosas.

Después de tanta rabia, estaba enfadada, Porque te has ido? Porque me has dejado sola? Enfadada con él, con Dios! Porque has permitido que pasara? Porque me has hecho esto? Si yo soy una buena persona...

Después de tanta tristeza al comprender que no había marcha atrás.

Después, mucho después, llegó el invierno y todo se volvió a vestir de blanco.

Al levantarme y ver todo mi entorno nevado, me acordé de tí; siempre celebrábamos la primera nevada! Salíamos fuera, como locos, gritando, riendo, hundíamos nuestros pies en la nieve, a revolcarnos, a tirarnos bolas y al final, nos quedábamos tendidos boca arriba exhalando vapor y con el corazón alegre y satisfecho.

Me quedé frente a la ventana recordando, con la vista nublada de imágenes y de lágrimas.

_Ya está bien! Me dije de pronto. Salí fuera, hundí mis pies en la nieve, me revolqué, hice bolas y las tiré al cielo esperando que te alcanzaran, creo que alguna te llegó porque después noté cómo una de ellas me daba en la cabeza.

Mire hacia arriba y sonreí, sonreí plenamente.

_Así que estás ahí, estás ahí!

Sonreí y la sonrisa se volvió carcajada. _ estás ahí!!

Por fin, por fin vuelvo a reír, por fin vuelvo a vivir!!!

M. Luisa Morales.

LO QUE EMPIEZA CUANDO TODO ACABA

Después no pasa nada extraordinario.
No hay revelaciones ni giros.
Solo queda el día siguiente.

La casa sigue en su sitio.
Las calles no cambian de nombre.
El mundo continúa con una naturalidad casi ofensiva.

Al principio todo es torpe.
Los gestos llegan tarde.
Las palabras sobran.
El silencio ocupa un espacio que antes no existía.

Uno aprende a convivir con lo que falta.
No a superarlo.
No a entenderlo.
A convivir.

Lo que empieza cuando todo acaba
no es una nueva vida,
es una versión más frágil de la anterior,
sostenida por costumbre,
por inercia,
por pura persistencia.

No se celebra.
No se comparte.
Simplemente ocurre
cuando ya no queda nadie mirando.

Abraham Valle Merino

LA ILUSIÓN DE VIVIR

Ayer noche se marchó para siempre; si de algo estoy seguro es de que no volverá jamás. Espero olvidarle pronto y continuar con la rutina de siempre. No fue malo conmigo, pero tampoco me concedió todo aquello que yo le pedí.

Vendrán días de amargura y tristeza, lo se, después de una pérdida así siempre los hay. Pero pronto llegará algo, o alguien que aporte alegría, belleza; y haga crecer de nuevo la ilusión por vivir.

Como comprenderéis el año pasado ya estaba algo viejo y se fue, espero que no me miréis mal por haberme pasado al nuevo.

Pero es que la vida sigue y yo tengo que seguir con ella, valorar lo bueno y lo malo que he dejado atrás y continuar luchando, para ver lo que está nueva etapa que comienza me puede deparar. Aunque si es verdad que me gustaría terminarlo tal como lo he comenzado: con salud, buenas amistades y felizmente enamorado.

JMJ

DESAFÍO DICIEMBRE 2025
CALOR EN INVIERNO

Hoy percibo que he perdido ese calor humano que desprende tu cuerpo, el cálido ambiente que rodea tu amistad; y temo que muy pronto te alejaras y te habré perdido para siempre.

Sé que más pronto o más tarde tendremos que alejarnos el uno del otro, es ley de vida, y tengo que aceptarlo así aunque me duela.

Me quedaré con la satisfacción
de según me dijiste: haber sido el primero en escribirte una poesia.

Me quedaré con el recuerdo
de esa alegría inmensa
que espimentan mis ojos al verte.

Me quedaré con ese arcoiris de bellos colores, con el que has iluminado mi mente.

Me he preguntado muchas veces:
¿Como se puede estar cerca de ti y no escribirte unos versos; siendo tú, venero inagotable de pura poesía?
¡No se qué habran visto otros en tu ser; yo he visto siempre cositas buenas!

Me quedaré con esa personalidad innata,
que hace que mi alma perciba de ti,
el aroma de todas las flores;
aún sin tenerte.

Me quedaré con esa imagen: esa elegancia
y ese saber estar;
que me han llevado a quererte.

El otoño se aleja tímidamente camino de un invierno que presiento frío y tenebroso, sin ese cálido apretón que me daban tus brazos.

JMJ

La mejor etapa de la Navidad para mi,fue la de mi juventud durante treinta años. La alegría de la Noche buena, FIN de año y Reyes eran días que esperábamos junto a la familia con muchísima ansiedad y expectativas.

Unidos levantando nuestras copasy brindando con risas y la ilusión de lo que esperábamos para el futuro, el deseo de traer hijos al mundo que llenaran nuestras vidas de alegría y nos transmitieran su inocencia, esa que íbamos perdiendo con los años.

Llegaron los niños y con ellos abuelos, padres, hermanos, tíos, amigos. La felicidad era completa.

Fue una época dorada que vivimos año tras años, hasta que fueron quitándose sillas, por ley de vida faltaban nuestros abuelos, abuelas, en mi caso hasta mi hermano y un sobrino que a temprana edad ya no lo teníamos con nosotros físicamente.

Los niños fueron creciendo y haciendo sus propios nidos, algunos volaron a otras tierras y, en esos tiempos me abrazó la soledad.

La vida sigue ...y debemos honrarla mientras estemos aquí. El duelo es inevitable cuesta superarlo, pasado éste con el corazón herido seguimos adelante aunque con la otra cara de la Navidad.

Hoy brindo por mis seres queridos que ya no están, brindo porque estén bien en donde se encuentren y con la esperanza infinita de reunirme con ellos todos nuevamente, cuando llegue mi hora.

Feliz Navidad.

Hilda Tomás

LA LUZ DEL CORAZÓN

Cuando mi madre empezó a olvidar, la casa se volvió más grande, más gélida. Cada olvido era una habitación que se quedaba sin muebles, sin nombre, sin puertas.

Aun así, ella me esperaba junto a la ventana. No recordaba quién era yo, pero reconocía mi sombra.

—Esa luz eres tú —decía, señalando el reflejo en el cristal—. Siempre vuelves.

Hasta que, un día, no supo cómo abrir la ventana. Otro, no recordó por qué me esperaba. Y una tarde, simplemente, no levantó la vista.

Me senté a su lado sin hablar, temiendo que ya no encontrara ninguna luz en mí.

Entonces, sin mirarme, tomó mi mano.

—No sé quién eres —susurró—, pero siento que te quiero. Y eso… todavía lo recuerdo.

Y sonrió, como si su corazón comprendiera lo que su mente había olvidado.

La casa ya no parecía tan grande, y la habitación volvió a llenarse.

Mía Gabrielle

🍂 DESAFÍO LITERARIO – NOVIEMBRE 2025 🍁

Relatos participantes del desafío mensual


OTOÑO

La noche es oscura, aunque el cielo se nota blanquecino; la luz de la ciudad se refleja en la pantalla de nubes que lo cubre todo. Llueve, sin más remedio. Hace frío y me cubro hasta la nariz con mi bufanda roja; siento la calidez y la humedad de mi respiración dentro de ella. Camino deprisa: quiero llegar a casa y cobijarme en su calor y seguridad. Mi paraguas me guarece de la lluvia, aunque los bajos de mis pantalones están mojados; no puedo evitar las salpicaduras de las gotas de agua al estrellarse en el suelo. Atravieso el parque, apenas iluminado por las farolas que, esta noche, parecen alumbrar menos. Quizás su brillo sea mitigado por la cortina de agua que cuelga desde el cielo.

El suelo está alfombrado de hojas: hojas que, habiendo llegado al fin de su ciclo vital, ya colgaban inertes de las ramas sin savia y sin vida. Caen por fin al suelo, ayudadas por el peso de las gotas de agua acumuladas sobre ellas, y así, arrastradas y pisoteadas, llegan al final de su existencia. Me apuro en llegar a casa; casi noto la calidez de mi taza con una infusión calentita entre mis manos heladas. Otro día de otoño. Mañana puede que salga el sol; mañana puede que seas tú, mi amor, quien me aporte calidez tras la jornada.

M. Luisa Morales


EL SABOR DE LA MUERTE

Una luz mortecina alumbra hoy mi mente; no hay apenas claridad. Se me hizo la noche de repente y no queda otro camino: estoy obligado a doblar la esquina y entrar en el callejón de la muerte. Tiembla mi cuerpo y, aunque cortado y frío, brota el sudor de mi frente. Hoy ya todo me huele a un otoño que se acerca, sin remedio, a un invierno crudo y tormentoso. Los árboles visten ya su traje ocre de final de ciclo y apenas dejan pasar la tenue luz de la luna en estado menguante. El paraguas negro, algo antiguo, que me protege —por el que chorrean las gotas de la lluvia fina y tenue— aumenta esa oscuridad que me abruma. Y, viendo cerca esta callejuela oscura y sin salida, quisiera cantar algo aunque fuese horrible, para ahuyentar el miedo que llevo dentro. Pero tengo la boca seca; mi voz se quiebra y tiemblan mis labios: perciben cerca el sabor de la muerte.

JMJ


(Relato)

La lluvia intensa cae sin piedad a mi alrededor, llenando de charcos el camino que me acerca a ti, mojando mis zapatos, haciendo que la humedad maligna que me rodea intente impedir nuestro encuentro. Tu llamada, en esta madrugada aciaga —fruto de un desacuerdo trivial convertido en gigante por un egoísmo sin fundamento— despertó en mi corazón el ansia de tenerte entre mis brazos. Camino apresurado, anhelando abrazarte y solicitar tu perdón. Quiero sentir tu piel rozando la mía, experimentar de nuevo las sensaciones que nuestros corazones modelan fruto de un amor incondicional. En tu voz percibí el deseo, la angustia temerosa por acabar con aquello que no debió ocurrir jamás. Sabes que cuentas conmigo, pues desde que nos enfadamos, el mundo a mi alrededor ha dejado de tener importancia: mi mente ha sido secuestrada por el dolor de no disfrutar de tu compañía, de no poder amarte. Entre el aguacero distingo tu casa: la luz encendida de tu habitación y la silueta de tu cuerpo esperando mi llegada. El corazón se me dispara en el pecho, intuyendo que su pesar está a punto de acabar.

© Juan Antonio Lopera

DESAFÍO DE OCTUBRE 2025

Tema: Sombra · Recuerdo · Crujido — Relatos, microrrelatos y poemas presentados por nuestros autores.

Índice

  1. Resaca — Juan Antonio Lopera
  2. Microrrelato — Morena C.M.
  3. El último eco — Abraham Valle Merino
  4. KARMA — Victoria Sol Hill
  5. Otoño de hojas caída — María Isabel Piña Jiménez
  6. (sin título) — M. Luisa Morales
  7. Exigencias del corazón — José Moreno Jaime
  8. Tarde de lluvia — Pepa Corado

Resaca

Autor: Juan Antonio Lopera

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Microrrelato

Autora: Morena C.M.

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El último eco

Autor: Abraham Valle Merino

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KARMA

Autora: Victoria Sol Hill

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Otoño de hojas caída

Autora: María Isabel Piña Jiménez

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(sin título)

Autora: M. Luisa Morales

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Exigencias del corazón

Autor: José Moreno Jaime

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Tarde de lluvia

Autora: Pepa Corado

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📜 Desafío de Septiembre 2025· Poesías

Atronador silencio

Autora: Victoria Sol Hill · Fecha: 17/09/2025
puerta cicatriz latido noche
El latido del silencio nocturno cesó y la noche se quebró con el gutural grito escondido tras la puerta que como una cicatriz cubría el interior de la escena. Misterios y crímenes silenciados por la oscuridad el miedo y los testigos acobardados que dejaron que el clamor cesara… Escuchando en silencio. Sin hacer ni decir nada.
© Victoria Sol Hill.

Puerta al amor

Autor: Andriu Valle
puerta cicatriz latido noche
La noche me lleva hasta ti. Abre la puerta al amor. Ya ha curado la cicatriz del latido de tu corazón. La puerta que se abre ante mí me cuenta una historia de amor. La noche me embriaga el sentir y vuelvo de nuevo a ser yo. Y esa cicatriz que quedó de un vacío del ayer es un latido de este corazón que vuelve de nuevo a querer.
© Andriu Valle.

📝 Desafío de Microrelatos – Julio / Agosto 2025

Saltando barreras

La vida a veces nos pone pruebas difíciles
y nos hace dudar de nosotros mismos. Podemos llevar una vida placentera, con buena familia y amigos, estar rodeado de gente que nos quiera y nos lo tenga demostrado. Pero si el corazón se enamora, saltará todas las fronteras, siempre encontrará un camino donde no haya barreras, aún sabiendo que hará un daño irreparable al pasar al otro lado.

– JMJ

Dr. Guerrero. Estomatólogo

Los clientes se agolpaban en la puerta, corrían buenos tiempos.
Aquella noche, al salir del cine, algo cambió en su mente.
En cada dolencia, auguraba un riesgo vital. Parecía un visionario, sin embargo, la clientela huía despavorida.
Comenzó a aislarse. Se acumulaban cajas de comida por doquier.
Una mañana, su hermano lo llevó al campo. Bocadillo en mano, el Dr. ingiere un trozo de papel aluminio. Ya en la clínica, su hermano busca con el espejo dental en vano.
En silencio, algo inesperado se reflejaba...
Tenía el alma cariada de incomprensión.
Cada amalgama sería su nuevo secreto.

– MonteCarmelo